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Aquí
te ofrecemos un recorrido por los monumentos de esta ciudad, la mayoría
de ellos en mal estado debido a la avaricia del ser humano y a algunos
irresponsables que se divierten destruyendo la cultura de un pueblo.
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Monasterio
de Sta. Maria de la Murta
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Nace a partir del reagrupamiento de algunas ermitas dispersas por el
valle, de las que llegaron a relacionarse once. El prolongado asentamiento
de los ermitaños propició que el alzireño Arnau Serra, previa licencia
del Rey Pedro el Ceremonioso, les hiciera donación de sus tierras de
la Murta, quedando obligados a formar una comunidad para acceder a su
posesión. Tras profesar en Xàbia como monjes de San Jerónimo, se les
concedió, mediante la bula de Gregorio XI, la oportuna licencia eclesiástica
para fundar un monasterio en este paraje. La fundación del monasterio
hay que situarla a caballo entre los siglos XIV y XV, época de gran
esplendor de la orden de San Jerónimo que facilitó su propagación por
el antiguo reino de Valencia. La comunidad nació bajo la protección
del importante monasterio de San Jerónimo de Cotalba ( Gandia ), que
envió a la Murta a su prior fray Domingo Lloret, que, acompañado de
cinco monjes más, comenzó las obras de la nueva casa. La construcción
del convento, según los datos disponibles, está planificada basándose
en la organización de los monasterios de la antigua congregación benedictina,
dando prioridad a la iglesia y situando el resto de las dependencias
alrededor de un claustro central, según un sistema estricto perfectamente
resuelto.
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De
la primitiva obra casi no quedan restos, porque sufrieron continuas
reformas, siempre limitadas por la estrechez del espacio y los escasos
recursos de la comunidad. Sin embargo, gracias a la familia Vich, se
disfrutó de un periodo de esplendor, en el que se construyó una nueva
iglesia y la importante mole de la torre de las Palomas. Durante los
siglos XVII y XVIII, se amplió y mejoró el conjunto del cenobio. Hasta
el siglo XIX fue un estimado centro religioso y cultural, visitado por
pontífices, cardenales, obispos y reyes. Con la segunda desamortización
el monasterio fuese enclaustrado y pasó a manos privadas. Se inició
el proceso de expoliación de sus bienes hasta la total ruina, agravada
ésta por la poderosa naturaleza, que pugna por recuperar sus dominios.
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La
Casa Consistorial
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Situada entre la calle Sant
Roc y la plaza de Casassús, la Casa Consistorial de Alzira, el monumento
arquitectónico más importante del patrimonio local, subsiste como testimonio
de la época foral gótico-renacentista, y queda emplazada en el eje de la
antigua villa. Dentro del perímetro amurallado, la calle mayor se constituye
como diagonal de la primitiva villa, enlazando los puntos de piedra a través
de la vía de principal, que estaba flanqueada por las mansiones solariegas
en el tramo situado entre los templos de Santa María y Santa Catalina, y
de las cuales destaca por su monumentalidad la casa municipal. La parte
más antigua o crujía noble del Ayuntamientorecoge el estilo arquitectónico
propio de las grandes mansiones y palacios valencianos del siglo XV y XVI,
característico de los territorios marítimos de la antigua corona de Aragón,
y queda situada su construcción entre el año 1547, bajo el gobierno municipal
del justicia Mossén Francesc Joan, y el 1606, en que el justicia era Josep
Genís. |
Según
la cronología recogida por el archivero municipal Vicent Pelufo, se
señala que en diciembre de 1549 los fundamentos y la estructura base
ya estaban concluidos, y la escalera y la galería superior fueron terminadas
en 1603.
El artífice principal fue Jaume Piquer auxiliado por los canteros Guillem
Torres y Joan Lemosín, los maestros de construcción Miquel Joan y Cosme
Rodríguez y el ebanista Cosme Castany. En 1929 Elías Tormo redactó un
valioso informe a petición de la Real Academia de San Fernando, que
permitió a la Dirección General de Bellas Artes declarar el día 17 de
diciembre de 1930 monumento histórico artístico la Casa Consistorial
de Alzira. En el año 1981, el arquitecto José Lluis Gisbert redactó
el proyecto de restauración de la crujía noble. Se eliminaron elementos
anacrónicos añadidos a la obra original. En 1983 el arquitecto municipal
Alfredo Andrés Peris ejecutó un proyecto de ampliación del edificio
histórico. Al conjunto original se le añade un nuevo inmueble construido
sobre una superficie de 491,72 m cuadrados. En su interior, ambos cuerpos
se comunican. 
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Santuario
de Sta. María del Lluch
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El origen del Santuario de Santa Maria del Lluch está
ligado a un antiguo ermitorio destinado a la veneración del Salvador,
devoción muy extendida por tierras valencianas durante la conquista
cristiana del rey Jaime I, y que sin duda dio nombre al paraje. Ya en
1337 el arcediano de Alzira mosén Pedro Esplugues consignó en su testamento
trescientos sueldos para la restauración de la ermita del Salvador.
Los inventarios de las pertenencias de la antigua ermita están bien
documentados desde la edad media hasta el siglo XIX, detallándose numerosos
objetos de culto. La capilla tenía confesionario, sacristía y coro.
El resto se destinaba a vivienda de los ermitaños con cocina, comedor,
cisterna y patio en la planta baja; y los dormitorios en la planta alta.
El día 5 de agosto del año 1699, víspera de la festividad del Salvador,
fue trasladada en solemne procesión la imagen de la Virgen del Lluch
desde la villa de Alzira al ermitorio de la Muntanyeta. Se suscitó rápidamente
una gran devoción entre nuestros antepasados, que muy pronto comenzaron
a venerarla como patrona de la ciudad, de manera que el ermitorio del
Salvador pasó a ser conocido también como de la Virgen del Lluch. Para
celebrar la entrada del siglo fue instalada, junto a la ermita, una
gran cruz de hierro a instancias del sacerdote Francisco de Asís Richart
Guillem, que es la que actualmente se conserva la explanada del Santuario
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